«

»

Mar 12 2017

Imprimir esta Entrada

No, Bill, ahora no tienes razón

No Bill

Tres motivos por los que la propuesta de Bill Gates de gravar con impuestos a los robots es absurda y contraproducente


 

Hace unos días los medios nos despertaron con la noticia de que el fundador de Microsoft había lanzado una propuesta con la intención de compensar los efectos, según él, negativos, que sobre el empleo iba a tener la progresiva implantación de robots en el tejido empresarial mundial.

La original ocurrencia consistía nada más y nada menos que en gravar con impuestos a los robots. Eso sí, sólo a los robots “malos”, a los que quiten el puesto de trabajo a humanos.

Sin poner en duda la probable buena voluntad de Bill Gates y de quienes apoyan semejante propuesta, desde aquí vamos a señalar tan sólo 3 argumentos que demuestran lo absurdo de la misma.

 

1. La idea de que los robots van a provocar la destrucción neta de puestos de trabajo es, no ya muy discutible, sino completamente errónea.

Es evidente que hay casos en los que un robot llega para sustituir el trabajo de un operario en particular. Aunque no siempre de forma completa, a menudo el robot simplemente le liberará de la parte más repetitiva, insalubre o peligrosa de su trabajo. Y a la vez, ese mismo robot le está dando trabajo a los técnicos que lo instalan y ponen en marcha, a los que lo han vendido y a los que lo mantendrán… Desaparece un tipo de trabajo pero aparecen otros nuevos, así es como evoluciona la sociedad. Y afortunadamente desde luego, las profesiones de hoy poco tienen que ver con las durísimas jornadas en el campo y en las fábricas del s.XIX, por no remontarnos más atrás en el tiempo.

Pero es que, además, en general, el robot no llega para sustituir a nadie, llega simplemente para permitir a la planta ser competitiva e incluso crecer. La demostración más clara la tenemos en el sector del automóvil, un sector clave para la economía de muchos países (entre ellos España), que genera miles de puestos de trabajo, no sólo en las grandes plantas de las marcas, sino en infinidad de empresas suministradoras de componentes (Tier 1, Tier 2), sin contar sus innumerables proveedores de servicios. Pues bien, esta industria tan vital para el tejido laboral y empresarial de un país sería impensable sin la implantación masiva de robots en sus plantas. Digámoslo alto y claro: sin robots, simplemente no tendríamos industria del automóvil en Occidente, estaría absolutamente toda en países de bajos costes de mano de obra.

Del mismo modo, las empresas de cualquier otro sector que instalan robots en sus talleres y fábricas lo hacen no con la aviesa intención de hacer crecer el desempleo en su país, sino más bien al contrario, simplemente porque tienen la obligación, incluso moral, de velar por su propia supervivencia (mantenimiento de los puestos de trabajo actuales) e incluso crecimiento (contratación de más trabajadores).

 

2. La fiscalidad sobre la actividad de las empresas no funciona así en un estado del bienestar.

De lo que se trata es de que las empresas que ganan más dinero contribuyan más, independientemente de si ese dinero lo consiguen instalando cientos de robots o sin instalar ninguno en absoluto. Los impuestos se han de aplicar sobre los beneficios (impuesto de sociedades), no sobre los medios dispuestos para conseguirlos. Y esto debería saberlo perfectamente un empresario que durante muchos años ha sido el hombre más rico del planeta. Claro, que puestos a malpensar, tal vez es que tenga algún interés en que bajen los impuestos sobre beneficios (su empresa tiene muchos) a costa de ponérselos a los robots (las empresas de software apenas usan robots mecánicos)…

Sin duda los gobiernos deben impulsar medidas que favorezcan el empleo y que faciliten a las empresas la contratación de trabajadores. En eso estamos todos de acuerdo, Pero discrepamos en la manera. Porque la experiencia demuestra que las sociedades más automatizadas acaban siendo también las más prósperas y las que más empleo generan.

 

3. Finalmente, un aspecto práctico…

¿Qué quiere decir realmente que los “robots” paguen impuestos? ¿Quién definirá lo que se entiende por “robot” a efectos de considerarlo un sujeto fiscal? ¿Pagará impuestos un Roomba? ¿O un paletizador cartesiano? ¿O un robot de picking que simplemente forma parte de una línea de envasado? ¿Y por qué no cualquier otra máquina automática instalada en una fábrica? ¿O las máquinas de café, que sustituyen a camareros? Pero es que, incluso suponiendo que se acabase definiendo un concepto de “robot como sujeto fiscal”, al día siguiente los fabricantes encontrarían la manera de escaparse a esa definición mediante cualquier alteración de diseño… Hecha la ley, hecha la trampa.

 

La historia nos demuestra de forma empírica que los intentos de detener, frenar o castigar los avances tecnológicos han sido siempre un fracaso. La tecnología tarde o temprano siempre se acaba adoptando. Y parece mentira que Bill Gates, el fundador de la empresa que más millones de productos ha instalado para automatizar tareas administrativas y contables, haya sido capaz de proponer gravar a los robots con impuestos. Sin que por supuesto haya propuesto el mismo castigo para sus hijos MS Windows, MS Word, MS Excel, o MS Powerpoint.

 

Redacción de indrobots

 

Enlace permanente a este artículo: http://indrobots.com/no-bill-ahora-no-tienes-razon/